Me solté al suelo a llorar porque sabía que ahora todo esto era un recuerdo lejano y solo quedaban los restos de lo que fue. Abrí los ojos y vi cómo las llamas consumían cada parte y cómo el viento se llevaba las cenizas. Las levanté y las aventé por cada rincón de la ciudad que fue nuestra durante un tiempo.
Arranqué el auto y vi a lo lejos tu figura caminando con bolsas llenas de regalos para esas fechas importantes para ti. Sonreías con tus seres queridos y me alegré al saber que sigues siendo tú, que las llamas que me consumieron nunca llegaron a tocarte y que, a pesar de las llamas sigues por ellos. Entonces entendí que no todo había terminado en cenizas: algo de nosotros sobrevivía en la mejor versión de ti. Arranqué el motor y seguí mi camino, sabiendo que aún te esperan muchas razones para sonreír y que, aunque nuestros caminos ya no se crucen, siempre desearé que la vida te abrace con la misma fuerza con la que un día abrazó la nuestra.
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